En el barrio Santodomingo de Guzmán, al sur occidente de Barranquilla, un joven en busca de oportunidades laborales se gana la vida rifando bocachicos.

De esas curiosidades que uno encuentra al buscar material para trabajar en una crónica periodística, en la Región Caribe hay de todo.

En una visita de rutina al barrio Santodomingo de Guzmán al sur occidente de Barranquilla, hallamos la historia de Antonio Enrique Chantacs De La Hoz, un joven desempleado que ante la falta de oportunidades laborales buscó en los juegos de azar la manera de subsistir.

Era la víspera de navidad y el muchacho pensó que rifando una botella de whisky se rebuscaría el dinero para la ropa y los juguetes de sus sobrinos.

La chispa se le encendió, el hambre que sentía lo hizo llegar hasta la plaza de mercado a comprar lo que aquí se llama una “mano de bocachicos”. La mano de pescado en la Costa Caribe no trae cinco, son solo cuatro unidades, por el mito según el cual ese término lo acuñó un vendedor informal que en medio de su rutina de trabajo se mochó uno de los dedos.

“Los bocachicos se veían hermosos, en principio quise llevarlos a casa para preparar un sancocho”, cuenta el joven comerciante que hasta ese momento no se percataba que su suerte cambiaría.

Durante el regreso a casa pensó en vender los bocachicos, un porcentaje de utilidades no quedaba mal, sin embargo la duda lo atrapó en una madeja de pensamientos similar a la famosa historia de la lechera que quiso multiplicar ganancias de un balde de líquido perlático luego de ordeñar la vaca,

Llegó el momento de decidir y lo puso en manos de la suerte. “Una rifa esa es la solución”, dijo Antonio seguro de sus habilidades para vender ilusiones.

Uno de sus vecinos tiene una carretilla de ruedas que alquila por días a tres mil pesos la jornada.

La tomó en alquiler y salió por las calles a vender sin pensarlo dos veces los números de una rifa, cuyo gancho eran los pescados en una nevera de icopor.

Fue todo un éxito, la rifa multiplicó por cinco el dinero y un afortunado habitante del barrio se ganó los bocachicos.

Con esas ganancias pudo satisfacer algunas necesidades, guardó dinero y en pleno sábado de carnaval repitió la experiencia.

El resultado siguió mejorando y por eso Toño recorre las calles del barrio los sábados por la tarde para rifar a la gente, una mano de bocachicos.

El número vale dos mil pesos para ganarse un premio que vale la pena. Yo me animé a comprar uno, no creo mucho en la suerte, sin embargo espero saber quién fue el afortunado que se comió la mano de bocachico rifao.

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