Grandes filas de ciudadanos a las puertas de los supermercados y bancos, falta de control en las calles y comparendos exagerados a quienes están incluidos en las excepciones. 

El mundo no será igual después del coronavirus, pandemia  que obligará a los seres humanos a vivir de otra manera. 

Una de las grandes damnificadas por esta crisis es la verdad, como en toda guerra,  fue la primera en morir. 

A raíz de las medidas adoptadas por el gobierno nacional y los entes territoriales, cuyos objetivos son loables para proteger a los ciudadanos, surgen muchas preguntas. 

El contacto físico entre las personas, la concentración masiva de ciudadanos, los elementos de protección básicos para evitar el contagio y los productos de primera necesidad para la subsistencia, cambiaron su forma de presentación. 

Serán los ciudadanos post coronavirus más honestos? Serán los gobernantes mejor intencionados? Cambiarán las relaciones familiares? Se transformará el amor? Esas preguntas,  en el corto y mediano plazo,  se irán respondiendo. 

Lo cierto es que,  en medio del pánico generado por algunos  y entre tanta incertidumbre generada por la falta de conocimientos científicos sobre el virus, la humanidad está siendo transformada de manera abrupta. 

No obstante, permanecen en Colombia y especialmente en el caribe colombiano,  algunos comportamientos que esperábamos desaparecieran,  en medio de tanta necesidad de solidaridad con quienes sufren directa o indirectamente por la pandemia. 

Aprovecharse de la situación para incrementar hasta en el 250 por ciento  el precio de una botella de alcohol, subir a más de $14.000 un cartón de huevos que antes costaba ocho mil pesos o vender en 35 mil pesos una botella de 500 CC de antibacterial, es un abuso. 

Los ciudadanos salen a las calles a hacer compras sin control, a meter en sus carros grandes cantidades de papel higiénico, sin que nadie pueda explicar la razón. Eso es consecuencia de la forma incipiente cómo se ha manejado el tema. 

El presidente de la República, Iván Duque, recurrió  a las red de canales públicos para montar una estrategia de comunicaciones, que permitiera estar en contacto diario con la gente, para informar sobre las decisiones oficiales, facilitando a los periodistas y medios tradicionales los insumos necesarios,   que permitan entregar reportes en tiempo real.

Los mercados que entregan los alcaldes y gobernadores no podrán alcanzar para largo aliento, ese mecanismo que sube la popularidad en el corto plazo, se convertirá en un boomerang cuando pasen las semanas de aislamiento. 

El Decreto 457 buscaba crear las condiciones de aislamiento para controlar el pico de la pandemia, es esa la razón por la que se establecieron 34 excepciones, con el fin de no paralizar la economía y mantener las condiciones básicas para atender a los posibles contagiados. 

Con el paso de los días la gente se ha sentido atrapada en sus casas, muchos han salido a hacerle trampa a la norma. 

Por todas esas contradicciones que se han presentado, es necesario recapacitar sobre la forma en que las autoridades están acompañando el cumplimiento de la medida de aislamiento, es necesario concientizar a los ciudadanos para que entiendan que esto no es un juego. Se requiere autoridad comprensiva, que sepa aplicar las normas sin caer en el abuso, también  necesitamos ciudadanos que cumplan la norma,  sin incurrir en el engaño. 

No es chiste, esta situación ha creado una nueva forma de expresión, nos estamos familiarizando con nuevos vocablos. Con este Decreto 457 parece que algunos han llegado al colmo de aplicar el término para sacar provecho. Parece que aislamiento fuese ahora : Aisla-Miento, el gobierno aísla y yo miento. 

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