En su bendición Urbi et Orbi, el Sumo Pontífice recuerda el pasaje del evangelio de Marcos, en el que Jesús   pregunta a sus discípulos: ¿Por qué tienen miedo, acaso han perdido la fe?

 

Conmovedora resultó la ceremonia en la Plaza de San Pedro, en Ciudad del Vaticano, en la que el papa Francisco bendijo al mundo, en medio de la crisis que vive la humanidad por la aparición del Covid-19, un virus que ha puesto en jaque a los países en los que el capitalismo pensaba haberlo controlado todo.

Con una lluvia incesante, ante la absoluta soledad de una plaza de San Pedro, por el aislamiento obligado, a raíz de la pandemia, el papa envió un mensaje de esperanza, sin renunciar a la necesidad de cuidar la vida humana.

Francisco conminó a creyentes y no creyentes a reflexionar, oró ante el cristo Milagroso de San Marcelo por todos los habitantes del mundo, haciendo un llamado a aislarnos de los bombardeos del pecado, ante la situación actual.

“De los intereses despiadados y de la violencia, sálvanos, Señor; de los engaños, de la información maligna y de la manipulación de las conciencias, sálvanos, Señor”, exclamó el papa durante su oración.

 La imagen de la virgen fue traslada desde una capilla cercana hasta la plaza, para que el papa la venerara, al lado del Cristo Milagroso.

Luego de la lectura del evangelio según Marcos, en el que se narra el momento en el que “una fuerte tormenta se desató y los discípulos que viajaban en la barca con Jesús los despertaron, por el temor a perecer en medio de la furia de las aguas”, el papa evocó la historia y comparó ese momento con lo que hoy padece la humanidad.

“Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido, densas tinieblas han cubierto nuestras plazas calles y ciudades, se fueron adueñando de nuestras vidas, llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador, que paraliza todo a su paso. Se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas. Nos encontramos asustados y perdidos, al igual que los discípulos del Evangelio. Nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa, nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados, pero al mismo tiempo importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca estamos todos, como esos discípulos que hablan con una única voz y con angustia dicen estamos perdidos. También nosotros nos damos cuenta de que no podemos seguir cada uno por nuestro lado, sino solo juntos”, recordó el papa.

Dijo que, así como los discípulos estaban alarmados, Jesús estaba en la popa que es la parte de la barca que primero se hunde, porque a pesar de la tormenta confiaba en El Padre.

Recordó que ese es el único pasaje de la Biblia en el que Jesús aparece dormido, después que lo despertaron y que calmó el viento y las aguas, se dirigió a los discípulos en tono de reproche. “Por qué tenéis miedo, acaso no tenéis fe”, expresó el jerarca de la Iglesia Católica.

El Papa manifestó que en ese pasaje bíblico los discípulos pensaban que Jesús no se interesaba por ellos y explicó que así nos pasa a nosotros. “Duele cuando uno siente que no se interesan en nosotros, sin embargo, en medio de esta tormenta Jesús no nos ha abandonado”, concluyó.

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