Mientras un empresario ofrece 15 millones de pesos a un reconocido futbolista por cada gol que marque para ayudar a una fundación en Córdoba, cientos de jóvenes en Soledad sueñan con una oportunidad para jugar al fútbol.

En una cancha que se conoce como la de Cevillar, cuando en realidad pertenece al barrio La Ceiba, un hombre de 25 años se arrodilla y alza sus brazos dándole gracias a Dios.

Es mediodía, el sol acompañado de una brisa que levanta el polvorín, saca a relucir la nostalgia que le produce no poder dedicar en persona este triunfo a su padre que está en el cielo.

Carlos Andrés Hernández Cantillo, dirigió el equipo “Águilas del Sur”, que en representación del barrio La Central de Soledad, obtuvo el título de la Copa Campeón de Campeones, disputado el fin de semana contra el onceno de Expreso Caribe, de Puerto Colombia.

Es una historia de perseverancia, que demuestra la fortaleza de un propósito en el que se embarcaron a partir del 18 de abril de 2019, cuando murió su progenitor, quien le dejó como legado la ferretería del barrio y las ganas de salir adelante.

“Este era el sueño de mi padre, un cáncer se lo llevó y como tributo a su memoria me propuse que este equipo iba a ser campeón para la gloria de Dios y para buscar que los medios y la gente mire a esos sectores deprimidos de Soledad, en donde no tenemos canchas adecuadas ni espacios para practicar el fútbol”, manifiesta llorando el joven entrenador.

Su historia se parece a la de muchos, la situación ilustra perfectamente las estadísticas que indican que Colombia es uno de los países más desiguales del mundo.

Las Águilas del Sur volaron alto, ese domingo 19 de enero, cuando vencieron al rival con la estrategia del contragolpe y la perseverancia. No ganaron el partido en los 90 minutos, porque debieron remontar el marcador, al empatar cuando faltaba poco tiempo para el pitazo final.

Se fueron a los tiros desde el punto penal y allí lograron derrotar a su rival.

25 jóvenes, dirigidos por un muchacho como ellos, nacido de las entrañas de esos sectores marginados, lograron el sueño luego de sufrir adversidades.

La vida no siempre es fácil para los triunfadores, menos cuando se viene de los barrios subnormales, en donde se asocia todo con delincuencia, violencia y drogadicción.

Paradójicamente a “Las Águilas del Sur” les negaron la posibilidad de inscribirse en el torneo del barrio Simón Bolívar, por no tener dinero para pagar el patrocinio que muchos poderosos empresarios de Barranquilla pagan para equipos de élite, es esa la razón por la que debieron inscribirse en Cevillar y luchar para ganar ese torneo.

Pasaporte Caribe fue testigo del festejo, en medio del dolor por la desigualdad que produce la discriminación en Barranquilla y el Atlántico.

Hernández y sus muchachos sueñan con apoyo oficial y empresarial para seguir luchando. Piden que se mire al sur de Barranquilla y Soledad. “No hay que ir tan lejos para ver la miseria”, dice entre lágrimas clamando a Dios, esperando que su padre pueda ver en donde se encuentre este sueño cumplido.

Las Águilas del Sur vuelan en equipo, luchan contra la adversidad y planean su estrategia desde los sueños, para lograr que algún día alguien con poder se interese por su historia.

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