Perdón y Alegría fueron las dos palabras que  más se repitieron en los discursos del papa Francisco durante su visita a cuatro ciudades de Colombia, una de ellas, ubicada en la Región Caribe, la hermosa Cartagena.
La visita papal no escapó al excesivo centralismo que después de 207 años de vida republicana sigue dominando a Colombia, aunque en esta oportunidad volvió a demostrarse que es el Caribe la región que marca con su alegría el derrotero para que aprendamos a vivir en paz.
El Pontífice no dudó en aceptar la orden de pernoctar siempre en la Nunciatura Apostólica con sede en Bogotá,  bajo los argumentos de quienes manejan las finanzas para que se cuidara el presupuesto de la visita. Otro elemento de peso fue el de la seguridad.
Bogotá, un ciudad fría recibió al papa Francisco el miércoles 6 de septiembre  por la tarde y Cartagena lo despidió el domingo 10 en horas de la noche, medio de la alegría que caracteriza a los nacidos en esta tierra llena de lugares y expresiones que destacan la belleza de una vida armoniosa con Dios y con la naturaleza.
Un desafortunado comentario hecho desde el interior del país, estuvo a punto de robarnos la alegría, sin embargo ante los ojos de Dios y del mundo está claro que en esta zona del país somos más espirituales y respetuosos de los mandatos de la Iglesia Católica  a través de su máximo jerarca.
La primera frase pronunciada por el papa Francisco en su mensaje a los jóvenes fue contundente: «Que nada les robe la alegría» , esa alegría que en el Caribe hemos sabido expresar y que nadie nos ha podido robar.
Siendo fieles a la petición del papa practicamos el perdón, ignorando comentarios malintencionados que pretenden caricaturizar los actos culturales que precedieron la despedida de Francisco en Cartagena. Perdonar es la clave para estar alegres. Por eso los perdonamos.
La Banda de Baranoa  se encargó de despedir al papa Francisco en medio de una muestra parecida al Carnaval,  porque sólo aquí en el Caribe podemos practicar la fe, sanar las heridas y perdonar con alegría.
Que nada nos robe la esperanza, que viva Francisco, el papa del Perdón y la Alegría.

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