La leyenda soplavientera que sobrevive a la muerte de los Gaiteros de San Jacinto. El adiós a Catalino Parra, punto de inicio para el legado cultural. Soplaviento dijo adiós al más noble y virtuoso de los gaiteros.

Por Heberto Amor Beltrán

Una temperatura que bordea los 40 grados centígrados, con el Canal del Dique como testigo de la llegada de reporteros del Caribe a la zona, da la bienvenida a los cientos de curiosos que sin saber lo cerca que estaban de Barranquilla o Cartagena, se congregaron   para conocer más detalles sobre la leyenda que simboliza la música popular de los pueblos ribereños.

Al fondo se escucha esa bella melodía de tambores y gaitas que engalana a un pueblo que festeja la partida de su prócer musical, Catalino Parra.

«Soplaviento tiene, tiene de verdad, una cumbia brava, brava buena pa gozá.» Con ese tema Catalino conquistó primero los corazones de sus paisanos y amigos en las fiestas improvisadas de los patios a orillas del Canal del Dique, en donde se reunían en las décadas de los sesenta y los setenta ciudadanos que sabían cantarle a lo cotidiano. La condición era tocar un instrumento musical, cantar o versear para poder hacer parte del festejo y casi siempre hubo audiencia.

El fin de semana que precede al carnaval 2020 tiene un significado especial, murió el más noble y virtuoso de los gaiteros de San Jacinto, el gran Catalino Parra, quien en una composición que le dio la vuelta al mundo y sigue sonando aún, inmortalizó a sus entrañables compañeros Gregorio Almeida «El Goyo» y José Ramírez a quien apodaban «Guardián».

Con ellos fue que «La Vaina ya se formó», aunque antes el «Animalito de Monte» ó «Donde Canta La Paloma», hacían bailar al Caribe, al ritmo de «Manuelito Barrios» y Josefa Matías», canciones compuestas e interpretadas por este soplavientero que nunca dejó de pescar y amar a sus tierras.

La muerte no lo sorprendió, se lo llevó cómo era natural y esperado  a sus 95 años de edad,  para comenzar a tejer la leyenda que nace a partir de la despedida del último de los juglares de los «Gaiteros de San Jacinto», aquí se abre la discusión cultural más hermosa que nos haya tocado presenciar.

Son de San Jacinto o son de Soplaviento?, Es que sin exageraciones ni pretensiones egoístas digamos la verdad, Catalino Parra con su chorro de voz le dio a los Gaiteros el porte  para el éxito internacional,sin abandonar a sus amigos soplavienteros,  alternaba en los dos grupos sin presiones ni molestias.

En este funeral encontramos a Gregorio Almeida, ese es el popular Goyo, que toca el guache y a quien Catalino inmortalizó en la grabación en la que además menciona al ya desaparecido “Guardián, que toca, toca él su tambó”.

El relato es clave para argumentar la tesis sobre la leyenda de los Gaiteros de San Jacinto y abrir la discusión sobre el aporte que hizo Soplaviento a esa institución musical, premiada con el Grammy.

«Yo con mi compadre Catalino tocaba en un grupo de acá de Soplaviento llamado Sangre en la Uña, cuando él regresaba de sus viajes desplazaba a todos y decía compadre llegué yo. Había que dejarle el espacio porque nadie podía cantar como lo hacía. Cada uno tenía que buscar instrumentos y Catano era la estrella. Nosotros íbamos de gira regional a Arenal, Villanueva, Santa Rosa, Repelón, Santa Lucía y todos los pueblos ubicados a orillas del Canal del Dique. Luego se iba a tocar con los Gaiteros a recorrer el mundo y era mi chance para ser el vocalista principal. Recuerdo que al regresar de las olimpiadas de México, Toño Fernández se peleó con Catalino y el resto de Los Gaiteros de San Jacinto, Catalino le comentó a Juan Lara y los productores que acá en Soplaviento había dos muchachos buenos para tocar, así nos fuimos a grabar y en una sola sesión salió el álbum que le dio la vuelta al Mundo,  titulado  Catalino Parra y Los Gaiteros de San Jacinto, en donde había tres de Soplaviento», cuenta emocionado ante el cuerpo de su compadre listo para sepultar, el Goyo Almeida.

Esa historia que nadie recuerda es la que le da vida a la leyenda de los Gaiteros de San Jacinto o Soplaviento, es que Catalino Parra nunca dejó de ser auténtico gaitero, su legado forma parte del conjunto de elementos musicales que el Caribe debe defender.

Su carácter era regio, sin embargo nunca se descompuso en público. Goyo cuenta que una tarde, luego de llegar a Soplaviento, Catalino se encontró en la biblioteca con uno de los hijos del guachero, quien le recriminó por no llevarse a su padre a la gira. «Catalino discutió con el muchacho sin alterarse y explicó la razón de la situación, sin embargo al rato comenzó a sentirse mal y el mismo interlocutor lo llevó a casa a recuperarse, Catano tenía la presión muy alta, mi hijo me dijo ve a visitar a tu compadre que por estar peleando conmigo en la biblioteca ahora está delicado de salud. Ese día sentí que siempre debía cuidarlo a él y su legado. Desde siempre hemos sido inseparables, ni esta muerte podrá con el cariño que le tengo a Catano, adiós compadre, pronto nos veremos», concluye Gregorio Almeida Ibarra, cómplice de Catalino, el mismo que tuvo a Guardían como compañero.

 

(Fotos y vídeos cortesía Rodolfo Mejía Fontalvo – Roberto Salas Mendoza)

 

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