Ante la crisis del sector se ofrece a cocinarle a  quien lo necesite. Plataformas de domicilios e impuestos se llevan mayor parte de las ganancias.

La pandemia ha puesto a muchos en la necesidad de reinventarse como gestores de servicios o distribuidores  de elementos esenciales para el consumo.

Este es el caso de Guillermo Mendoza, un afamado chef barranquillero que por efectos de la crisis debió cerrar temporalmente los puntos de venta al público de su restaurante en el centro comercial Buenavista, al norte de la ciudad,  y El Caimán del Río.

Guillo es reconocido por su capacidad para generar empleos, hasta el punto de  ser considerado como uno de los magnates de la cocina barranquillera, ahora se ofrece para cocinar en casa a cualquier familia que lo requiera sin importar el estatus.

En esa aventura de reinventarse a partir del servicio en casa, su amiga Nancy Cabrera, le aceptó la oferta y lo puso a cocinar en su recepción de bodas.

Para Guillermo fue una experiencia positiva, teniendo en cuenta que en este momento de crisis se requiere mucha solidaridad gremial.

Con voz compungida y aún con la tristeza de haber perdido en menos de una semana a dos de los miembros del grupo de restauranteros, Ancizar Gutiérrez  y el chef Carlos Fiorillo,  de Fiorella Pizza, quienes sucumbieron a la pandemia, Guillo relata que cocinar para su amiga Nancy estará marcado en su memoria como recuerda de Pandemia.

En relación con los altos costos que obligan a la reinvención, dice que las plataformas y la Dian se llevan la ganancia, ya que por cada despacho hay que pagar cerca del 18 por ciento sumado esto a la necesidad de turnar a sus empleados y convertir a los meseros en domiciliarios.

«No hemos despedido a nadie, en todo este tiempo que estuvimos cerrados hicimos domicilios, pero un restaurante no puede vivir solo de eso, estamos haciendo nuestro mayor esfuerzo y tiramos a los empleados, sin embargo el colapso está cerca», advierte Guillo.

Según sus palabras el gobierno nacional, el  sector productivo, los trabajadores, las amas de casa, los niños, el sector educativo y todos en general hemos aportado para superar la crisis, sin embargo la solución parece verse lejana.

«De momento no se ve una solución, oremos todos para que esto termine, entre tanto la petición  al gobierno nacional es a evitar que el sector siga siendo golpeado por la pandemia y los altos costos de insumos para la cocina»

Finalmente propone que el personal de los restaurantes sea considerado como prioritario en el tema de la vacunación por estar en la primera línea de contagio al prestar el servicio y señala que un patrocinador privado podría asumir el costo de las vacunas para quienes están en esta línea.

La reflexión  es contundente, en esta crisis todos hemos puesto y todos hemos pagado algún precio.

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