Aurelio Suárez Montoya

Cuando se busca en Google, “Pobreza en la Costa Caribe colombiana”, salen 14,2 millones de resultados en fracción de un segundo. No es fortuito, porque existe al respecto una buena cantidad de publicaciones, estudios y notas periodísticas tantas que cuando se requiere, por ejemplo, “Pobreza en Bogotá”, sale un millón de resultados menos. De tal modo que, cuando se oye con regularidad que Colombia es el país de la desigualdad y que América Latina también es un subcontinente inicuo, aquí en el Caribe de Colombia es más dramática la realidad: es región de pobreza.

            Algunos datos corroboran lo anterior. Empecemos por el reciente mapa de pobreza georreferenciada que acaba de publicar el DANE –tratándose de lo que se conoce como la visión multidimensional, que grafica carencias crónicas de los hogares en salud, vivienda, educación y empleo, entre lo más relevante– y sin tener en cuenta el ingreso monetario, la periferia adquiere las peores connotaciones y en esa Colombia limítrofe, el Caribe se destaca en terreno negativo.

            Cuando se mira la incidencia de la pobreza monetaria en las capitales del país, de nueve ciudades que están por encima de la línea media, hay cinco costeñas, Valledupar, Riohacha, Santa Marta, Montería y Sincelejo, y la siguiente después del promedio nacional, es Cartagena. Cuando se habla de pobreza monetaria extrema, Riohacha, Valledupar y Santa Marta se ubican entre las siete con porcentaje más alto. Esa nivelación por lo bajo es lo que explica que, excepto Riohacha, que es la primera, no haya ninguna otra capital dentro de las diez más desiguales.

            Por departamentos, la desventura es igual o peor. De trece que están por encima del promedio colombiano en pobreza monetaria, que es del 27% (2018), seis de los siete, excepto Atlántico, están ahí. La Guajira podría ser el país número 20 porcentualmente con más gente pobre del mundo, cerca de algunos africanos como Liberia o Malawi, y Magdalena el 27, entre Sudán y Senegal.

            Como adelanto, vale iniciar la busca de las causas de tan indignante situación, más aún cuando uno de cada tres dólares exportados proviene de la Costa Caribe, según estudio de la Cámara de Comercio de Cartagena, y Cesar es el segundo departamento en ventas externas. ¿No hay entonces correlación entre exportaciones y bienestar general, contrario a lo que predican los economistas clásicos, cuando en el Caribe el ingreso por habitante es 69% del promedio nacional (Banrepública, Aguilera y otros, 2016)? ¿No se compensó acaso el decaimiento de la ganadería, la vocación de tres de cada cuatro microfundios costeños, de ser el 8,6% del PIB regional en 1997 a solo el 3,3% en el año 2007, con la creciente participación de la minería, del 5,9% al 8,4% (Banrepública, Op. Cit.)?

            Finalmente, y como punto de partida de una discusión más profunda, es válido preguntar: ¿Cuánto incide en esa tragedia regional la corrupción política que empotra figuras y casas familiares por décadas y que por recientes escándalos, como los de la ex senadora Merlano, Odebrecht y el Cartel de la Toga, Triple A, Electricaribe o los desmanes en La Guajira, aparecen en primera plana? Habrá tiempo para volver sobre eso, máxime cuando Transparencia por Colombia ha fijado que uno de cada tres casos de corruptela en los últimos tres años se dio por aquí.

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  • No incluye a San Andrés y Providencia.

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