En Barranquilla se cierran restaurantes y se quiebran los moteles. Cuarentena empobrece más al pequeño comerciante.

Hace dos meses, cuando el gobierno nacional decretó el aislamiento obligatorio preventivo y los gobiernos locales montaron la estrategia del pico y cédula, a Edgardo Montagut sus vecinos lo veían salir poco, eso sí forrado con tapabocas, traje de protección y gel antibacterial para evitar el contagio que pronosticaron las autoridades.

Ahora cuando la crisis se agudizó y se extiende por un mes más la cuarentena, el comerciante dedicado a la actividad de administrar un motel en el centro de la ciudad, se declara sorprendido por el giro que tomó la situación.

Le temía a la muerte y a qué cualquiera de sus seres cercanos resultara contagiado,razón por la cual defendía a capa y espada las medidas adoptadas a nivel mundial, nacional y local.

«No hay ayuda del gobierno, no hay equidad, esto ha sido un desastre que nos lleva a la quiebra», afirma el comerciante con tono de indignación.

«Los comerciantes no aguantamos más nuestros empleados tendrán que irse para la calle, porque no tenemos como seguir en esto. Los bancos nos tienen vetados, los servicios públicos nos tienen asfixiados, porque nos están cobrando por estimado como si estuviéramos trabajando».

Según sus palabras en el centro de Barranquilla han cerrado centenares de negocios que tenían muchos años de tradición generando empleo. «No son solo los moteles, se han cerrado almacenes, discotecas, tiendas de ropa, papelerías, ferreterías y todo tipo de negocios porque las famosas ayudas nunca llegaron», enfatiza enojado.

«Esto ha sido empobrecer a la ciudad y enriquecerse unos cuantos,  más de lo que ya estaban enriquecidos antes de la pandemia», sostiene el comerciante barranquillero.

Para Edgardo Montagut es hora de despertar, porque está claro que los ricos en este país ya están contados y que los pequeños comerciantes van camino a la quiebra.

Advirtió que de prolongarse esta cuarentena el efecto económico del COVID19 será más nefasto que la pandemia  misma, porque en su caso particular al anunciarse que los vuelos solo podrán reabrirse el 1 de septiembre, es el mismo tiempo que le tardará a ellos para volver a abrir.

En su negocio tiene siete empleados,  a los que tuvo que enviar a casa,  y ellos  han subsistido gracias a que él mismo, de sus pocos ahorros,  sacó para pagarles el sueldo sin trabajar y les entregó mercados.

«Dígame usted cómo hago para resistir esta situación? Si apenas alcanzará para este fin de mes y no hay más», cuestiona el entrevistado.

Finalmente hace un llamado a los ciudadanos para que guarden medidas de protección, pues no duda que el virus exista, sin embargo, desconfía de la forma en que se está manejando el tema desde las esferas de poder y los medios masivos de comunicación.

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