Un antioqueño que reta a la muerte y sobrevive por más de seis años a su papel macondiano de la vida real.

Por Heberto Amor Beltrán

Es martes de Carnaval, el sol canicular que hacia las horas del mediodía obliga a buscar una sombra para calmar el calor, en la antesala del almuerzo, me hace salir a recorrer varias calles en busca de alimentos.

Me tropiezo con la historia que yo mismo escribí hace un tiempo y que los medios matizan año tras año para contarla de nuevo.

Es la historia del Joselito de la 54, un evento que convoca a los vecinos de los barrios Lucero, Recreo, Boston, Chiquinquirá y Los Andes,  en la zona centro- norte de la ciudad.

El desfile surgió de manera espontánea hace varias décadas, en la esquina de la Calle 54 con carrera 37 de Barranquilla, un martes de carnaval cuando en horas de la mañana un grupo de vecinos se encontró en la tienda.

«Surgió la idea de hacer un desfile para recolectar dinero a manera de disfraz y poder financiar las sopas y el trago de la fiesta, para clausurar el carnaval», nos cuenta Leonardo Herrera,  un comunicador social residente del sector y quien se ha convertido en impulsor del evento.

Ese desfile de Joselito Carnaval,  en ese punto de la ciudad nació con un ingrediente especial, el propietario de una funeraria cercana prestó el féretro en el que metieron al hombre que por primera vez personificó al tradicional borrachón que se muere cada año al amanecer del martes,  por los excesos del Carnaval,  y resucita  para emprender sus actividades cotidianas el miércoles de cenizas.

Lo curioso es que luego de tres años de haber encarnado el papel, el pionero de los actores murió repentinamente y eso preocupó a sus familiares, quienes le achacaron la culpa al mito de jugar con la muerte.

Año tras año el desfile se cumple,  bajo la incertidumbre de quienes asisten y cuentan que la historia se repite de manera cíclica, ningún actor ha sobrevivido más de cuatro años al personaje.

Algunos han fallecido luego de encarnar el papel el mismo año de su debut, otros han podido meterse dos veces al féretro y hasta tres;  sin embargo,  ninguno había logrado sobrepasar las cuatro temporadas, hasta que llegó a la escena Ramiro Salcedo, un paisa que se le midió al reto y ya lleva seis años haciendo el personaje.

«En el nombre del Señor, yo pienso seguir los próximos 15 ó 20 años más y retirarme completamente sano», afirma Ramiro quien en su rutina normal,  cuando no es carnaval, se dedica a la mecánica automotríz en un taller cercano.

Las mujeres de la zona, quienes organizan lo relacionado con la fiesta vespertina posterior al desfile, hacen papeles de viudas de Joselito;  ellas son quienes se encargan de animar la ceremonia.

Melisa Osorio, la temible muerte que sentencia a Joselito (Foto Eduardo Trujillo)

En esta oportunidad,  Melisa Osorio una joven abogada de 26 años,  que en los últimos tres había llorado la falsa muerte de Joselito, se encargó de personificar a la temida muerte y a manera de jocosa sentencia advierte,  que tiene la contra para frenar a Ramiro.

Es un ritual extraño para los muchos asistentes que cada año se suman a este desfile, no obstante en el sitio de reunión se respira un ambiente festivo, el que concluye exactamente a las 12 de la noche,  cuando se recogen los elementos fúnebres utilizados para la ceremonia.

A esta altura del relato recuerdo que se termina el carnaval 2019 y que ya está fijada la fecha para el próximo encuentro;  los días sábado 22, domingo 23, lunes 24  y martes 25 de febrero de 2020 serán de carnaval y volveremos a esa esquina barranquillera a preguntar por  la suerte de Ramiro, el paisa que hasta hoy afirma ser «El Joselito Inmortal» de la 54.

(Fotos Cortesía Eduardo Trujillo)

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