Su sensibilidad y creatividad la ha llevado a capturar las más hermosas imágenes en escenarios de Los Ángeles, Nueva York, New Jersey, Miami, Hawai, Londres, España, Berlín y Amsterdam.

Por: Aldira Chamorro Ojeda

Su gran sueño es ser cineasta, sin embargo, en ese proceso se ha encontrado con otras oportunidades que le ha presentado su talento innato para captar, con el lente fotográfico, imágenes llenas de sensibilidad, creatividad y estética. De esa manera, la actividad que siempre consideró como un pasatiempo se fue convirtiendo, sin ella proponérselo, en la carta de presentación profesional de Valerie Amor Castilla.

Talento que la ha llevado a capturar, tanto en fotografía como en video, las más hermosas imágenes en escenarios de Los Ángeles, Nueva York, New Jersey, Miami, Hawai, Londres, España, Berlín y Amsterdam.

La delgada figura de Valerie contrasta con la fortaleza física, profesional y espiritual de esta jovencita que se graduó con honores en el programa de Dirección y Producción de Radio y Televisión de la Universidad Autónoma del Caribe.

“Yo quería estudiar cine, pero terminé estudiante Dirección de Radio y Televisión. Siempre fui alumna ejemplar, aunque también era rebelde. No era mi sueño estudiar esa carrera porque no me gusta la radio, pero al final me terminó gustando porque tiene relación con el manejo de la imagen”, nos cuenta Valerie en la fresca terraza de la casa de sus padres, los periodistas Heberto Amor y Belisa Castilla.

Allí, esta joven con pinta de modelo, pero con una meta definida fuera de las pasarelas, evoca aquellos tiempos en los que, con 15 años, llegó a sus manos la primera cámara fotográfica. Se trataba de una cámara digital pequeña que habían adquirido sus padres. En esa época, distribuía su tiempo entre tomar fotos y leer autores como Edgar Allan Poe, Agatha Christie y Dostoyevsky.

Descubriendo su talento

La casa de su abuela Lorenza Gregory, en el barrio Hipódromo de Soledad, fue el escenario perfecto para que Valerie comenzara a demostrar su talento para la fotografía. “La casa de mi abuelita era grande y misteriosa. Allí comencé a tomar mis primeras fotos y a montarlas en Facebook. Las editaba con una aplicación súper básica”.

Cuando cumplió 16 años recibió su primera cámara profesional. “Mi mamá me regaló una cámara Nikon profesional D5000, no se me olvida. Estaba en el colegio Virginia Rossi y yo era la que tomaba las fotos a mis amigas y en los cumpleaños de las amigas de mi mamá”.

Los documentales

Valerie terminó sus estudios universitarios en 2015 y comenzó, infructuosamente, a buscar trabajo en lo que quería: productora, realizadora o directora. “Nunca quise ser fotógrafa, era un hobbie más no mi pasión. Yo lo hacía porque sabía hacerlo, mi objetivo era hacer cine”.

Comenzó a realizar trabajos por proyectos, lo que le permitía tener bastante tiempo libre. Decidió, entonces, aprovechar el momento para realizar documentales, trabajó tres historias, pero solo alcanzó a culminar el de Palenque, una historia de 15 minutos que fue publicado por la revista Semana Rural. Los otros, dice, algún día los terminará.

Para Valerie, hacer documentales es más difícil que hacer cine. “Los documentales retratan la realidad y la realidad cambia todo el tiempo, no es algo a lo que puedas ponerle un guion, tú quieres contar una idea o una historia y al final todo puede pasar, es una incertidumbre. Además, no todo el mundo te presta su vida para contarla y hay que ser muy respetuoso en lo que se va a decir y en el mensaje que quieres transmitir con el trabajo de investigación”.

El trabajo

Aunque se negaba a la idea, su destino era la fotografía y antes de aceptarlo, probó con trabajos independientes. “Me di cuenta de que trabajar en oficina no es lo mío. Desde adolescente tomé fotos sin buscarlo, la fotografía me encontró a mí”.

En 2018 Valerie se fue a vivir a Bogotá, donde laboraba su papá, y fue allí donde encontró el camino hacia su internacionalización. “Un amigo de mi papá le dijo: oye tu hija que hace videos y fotos, ¿no le interesaría grabar con unos gringos que vienen mañana? Yo no estaba trabajando en ese momento y de una dije que sí”.

Eran los representantes de Sprayground, una marca estadounidense que vende maletines y ropa a Streetwear. “Trabajamos tres días, comencé a hacer videos detrás de cámara a la producción que hacían con unos modelos en Bogotá. La experiencia fue muy muy chévere”.

Los viajes

El trabajo de Valerie no pasó desapercibido, al mes la llamaron para que los acompañara en la producción que iban a realizar en España y Londres. “Yo no tenía visa y solo contaba con 15 días para todo el proceso. Mi papá y mi mamá fueron un apoyo fundamental para lograrlo”.

Y fue así como, con todas las recomendaciones de sus padres y amigos, voló a España y luego a Londres. Durante 15 días grabó todos los detrás de cámara de las producciones y en el entretiempo tomaba fotos.

“Esas fotos que yo tomaba, aunque no eran para la campaña, siempre las usaban para las redes sociales de la compañía”.

Siguió trabajando con Sprayground en Colombia, Los Angeles, Nueva York, entre otras ciudades extranjeras. Por la calidad de su trabajo, se convirtió en la fotógrafa oficial de la producción que realizaron en Hawai.

“Era la persona que había viajado desde Colombia para hacer la sesión de fotografías, me tocaba ponerme al nivel de fotógrafos buenísimos de otras partes del mundo. La empresa nos reúne, hay que trabajar sin conocerse y la idea es que se unan los talentos, Fue una experiencia muy linda”.

Lo que viene

Además de seguir vinculada con Sprayground, lo que viene para Valerie está relacionado con Oliver Williams, su novio, músico y DJ londinense con quien se conoció durante el Carnaval de Barranquilla 2019.

“Trabajo en los proyectos de videoclips de Oliver, ya voy escalando hacia lo que quiero y en unos años me veo dirigiendo una película, que sigue siendo mi gran sueño”.

Esta es solo una de las interesantes facetas de Valerie, quien se adapta fácilmente a los sitios donde llega, tiene excelente sentido de ubicación, se le facilita la comunicación en inglés, idioma que aprendió de manera natural. Confiesa que la comida es lo que más duro le ha dado en los viajes.

“Colombia es el mejor país del mundo y tiene la mejor comida del mundo. Viajar es necesario para darse cuenta de que nuestro país es único y nos regala unos paisajes maravillosos”.

 

La cuarentena sorprendió a Valerie y Oliver en Guachaca (Magdalena) y mientras esperan que se levante el aislamiento obligatorio, se gozan el privilegio de disfrutar de la naturaleza y de ser testigos, cada día, de los más hermosos amaneceres y atardeceres que, con seguridad, han quedado congelados en el lente fotográfico de Valerie Amor Castilla.

(Fotos tomadas del archivo personal de @valerieramor en Instagram)

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