sábado, noviembre 26, 2022
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Girasoles que crecen hasta el cielo …

En Galapa -Atlántico un grupo de estudiantes universitarios hacen sus prácticas de servicio social trabajando como guías turísticos en los cultivos de girasol

Mucho se ha escrito sobre los efectos de la pandemia en la economía, especialmente las implicaciones que tuvo en el campo internacional por la crisis que generó en varios sectores. En el caso colombiano, si bien afectó los ingresos de muchas familias y hasta empresas que debieron cerrar por falta de garantías para operar, la reactivación comienza a mostrar nuevas formas para ganarse la vida.

En Galapa, a pocos metros del casco urbano en la vía que conduce al corregimiento Paluato, se encuentra la finca San Juan Bosco, con una hectárea de girasoles florecidos y otra zona aledaña lista para germinar.

Bajo el radiante sol del mediodía un grupo de estudiantes guía a los turistas para explicarles todo lo relacionado con el cultivo de girasoles.

Nos tocó en suerte ser guiados por Nicolle Ahumada, una joven estudiante de ingeniería industrial de la Universidad Simón Bolívar, que se estrena en la tarea y tiene claro cada uno de los pasos que se dan para obtener los hermosos campos florecidos de girasol.

Por ella aprendimos que la planta es cultivada en tierra árida, con escasos cinco días de riego la semilla enterrada a menos de un centímetro de profundidad fecunda convertida en un tallo con un solo capullo, cuya misión es girar antes de florecer según la posición en que el sol impacte la tierra.

Una vez florece ya deja de girar y sobrevive sin necesidad de riego artificial por más de 70 días, para dar el fruto que vuelve a ser semilla y se utiliza en cientos de procesos industriales o manuales para obtener desde aceite hasta torta de girasol como insumo para la producción de alimentos a gran escala.

La historia de los cultivos de girasol en el Atlántico apenas comienza a escribirse, porque hace dos años cuando inició la pandemia, un inquieto agrónomo atlánticense que viajó a México observó que en ese país los cultivos de girasol son un atractivo turístico y trajo el modelo de economía familiar para escalarlo en los campos de fácil acceso con los que cuenta el Atlántico.

Es necesario reconocer el impulso que le dio la Gobernación del Atlántico a esta iniciativa y la sumatoria de esfuerzos de las alcaldías que apoyan a quienes cultivan girasoles en sus tierras.

En el caso de Galapa, los jóvenes becados son contactados para que realicen sus prácticas de servicio social y a cambio de eso se les paga un auxilio para reconocer la labor que desarrollan, sin embargo, lo más loable de la tarea es que el producido en utilidades beneficia a un grupo de mujeres cabeza de familia que son quienes realizan las labores de cultivo del girasol.

Los adultos pagan 10 mil pesos por el ingreso y los niños menores de 10 años entran gratis, la persona cuenta con un guía que le explica todo lo relacionado con el girasol y sus propiedades, las técnicas de cultivo y la funcionalidad de un proceso agrícola y cultural en el que con una pequeña inversión se obtienen beneficios para el sustento de las familias de la zona, se reactiva la economía y se protege el medioambiente.

Gracias a las bondades de la naturaleza que ofrece terrenos fértiles en zonas áridas de la Región Caribe como el Atlántico, los girasoles crecen hasta el cielo.

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